La comunidad Makxawáya, del Pueblo Enxet, celebra este año 120 años de historia. Su origen se remonta a la instalación de la denominada Misión Central, establecida por misioneros anglicanos provenientes de Inglaterra, quienes, tras llegar años antes al Paraguay, decidieron asentarse en este lugar para desarrollar su trabajo junto a los Pueblos Indígenas del Chaco.
Con el paso del tiempo, Makxawáya trascendió su condición de misión para convertirse en uno de los principales centros sociales, culturales y espirituales del Pueblo Enxet. Durante décadas, especialmente en Semana Santa y Navidad, cientos de indígenas provenientes de distintas comunidades recorrían grandes distancias para reunirse allí, fortaleciendo vínculos familiares, comunitarios y culturales.
“Makxawáya era el Caacupé del Pueblo Enxet, su centro espiritual”, recuerda Tito La Haye, fundador de Tierraviva, quien vivió durante años en la comunidad y compartió estrechamente la vida cotidiana con sus habitantes.
Tanto La Haye como antiguos líderes indígenas coinciden en que Makxawáya fue también un punto neurálgico para el desarrollo del Pueblo Enxet, como también de grupos del Pueblo Angaite y Sanapana. Desde allí surgieron numerosas comunidades que hoy se encuentran distribuidas en gran parte del Bajo Chaco, convirtiéndose en uno de los principales espacios de organización y crecimiento del pueblo.
Al concluir su labor en la zona, la Iglesia Anglicana transfirió las tierras a la comunidad, que actualmente posee un título de propiedad comunitaria sobre 3.739 hectáreas. Sin embargo, más del 90 % de esa superficie corresponde a zonas inundables, lo que limita severamente las posibilidades de producción, expansión y desarrollo de las familias.
Según los últimos reportes de campo, en Makxawáya viven aproximadamente 1.800 personas, distribuidas en 324 familias.
Un lugar de encuentro entre generaciones
Décadas después de aquellos grandes encuentros comunitarios, Makxawáya volvió a convertirse en un espacio de referencia para el Pueblo Enxet.
Durante muchos años, la comunidad fue sede de los encuentros de líderes organizados por Tierraviva, que retomaron, de alguna manera, el espíritu de aquellas antiguas reuniones que convocaban a representantes de numerosas comunidades del Bajo Chaco.
Santiago Bobadilla, ex trabajador de campo de Tierraviva durante más de tres décadas, recuerda aquellas jornadas:
“A finales de los años noventa era común ver a los indígenas reunidos en grupos de cuatro o cinco personas bajo la sombra de un algarrobo, compartiendo un tereré mientras escuchaban, en un reproductor de cassette, el resumen de los casos jurídicos relatados por los compañeros abogados”.
Para Bobadilla, aquellas reuniones trascendían el carácter organizativo. “Era un acontecimiento que convocaba a líderes de todas partes del Bajo Chaco. Muchos llegaban en burro, a caballo o después de caminar varios días, haciendo escalas en distintas comunidades. Si llovía, el viaje simplemente se prolongaba unos días más; siempre había un lugar donde quedarse y alguien dispuesto a compartir alimentos”.
Tierras insuficientes para una comunidad que sigue creciendo
El crecimiento de la población y las limitaciones que presenta la actual propiedad comunitaria hacen que el acceso a nuevas tierras sea hoy una necesidad urgente.
Martín Rojas explica que desde hace varios años la comunidad reivindica la ampliación de su territorio mediante la adquisición de aproximadamente 14.000 hectáreas adicionales. La ampliación permitiría que las familias cuenten con espacio suficiente para desarrollar actividades de subsistencia, fortalecer su organización comunitaria, preservar sus prácticas culturales y mejorar sus condiciones de vida.
La Constitución Nacional reconoce el derecho de los Pueblos Indígenas a disponer de tierras en cantidad y calidad suficientes para garantizar su desarrollo, identidad y formas propias de vida. En el caso de Makxawáya, ese derecho continúa siendo una deuda pendiente. “Más aún atendiendo que hasta hoy día el Estado paraguayo no ha adquirido ni una hectárea de tierra para la comunidad Makxawáya” reafirma Martín.
El reclamo territorial de la comunidad forma parte de la campaña “Derecho Humano a la Tierra y el Territorio Indígena: presupuesto para la compra de tierras”, impulsada por la Coordinadora de Líderes y Lideresas Indígenas del Bajo Chaco (CLIBCh) y Tierraviva, con el objetivo de promover la asignación de recursos públicos que permitan dar respuesta a las históricas demandas territoriales de las comunidades indígenas del Bajo Chaco.
Quienes deseen conocer más sobre la historia de Makxawáya y la lucha de su comunidad pueden ver el siguiente audiovisual:
Makxawáya: su historia y su lucha