Al tiempo que lamentamos profundamente la muerte del líder Tito Recalde del pueblo Qom en el 25 de agosto pasado y de un joven de 17 años de la comunidad Enxet de La Herencia, el día 31 del mismo mes, ambos por causa del COVID-19, manifestamos cuanto sigue:
Estas dos muertes son las primeras en registrarse oficialmente en la población indígena de nuestro país, y particularmente del Chaco paraguayo, luego de más de 5 meses de declarada la cuarentena oficial. Si bien, la primera comunidad indígena en ser afectada por el virus ha sido la del pueblo Ava Guaraní de Yapy Santa Isabel del Departamento de San Pedro, donde se confirmaron varios casos positivos, hoy recuperados luego del periodo de aislamiento correspondiente, existen otras comunidades donde se han constatado casos comunitarios en la Región Occidental y del Área Metropolitana de Asunción a través de un monitoreo que Tierraviva está realizando.
Existen así casos confirmados en la comunidad Qom de Cerrito del Distrito de Benjamín Aceval y casos en la comunidad Enxet de La Herencia del Distrito de Villa Hayes, así como un número mayor con casos sospechosos o posibles, aún sin testeos realizados en varias de las comunidades consultadas, todas en Presidente Hayes. Asimismo, también se han reportado casos positivos por la XVI Región Sanitaria Boquerón, en Loma Plata y en Filadelfia, y casos positivos en Alto Paraguay, en el Distrito de Bahía Negra y en el Distrito de Carmelo Peralta, con una alta probabilidad de que estos incluyan a personas indígenas.
A la par, la desnutrición y malnutrición crónicas en las comunidades indígenas, la falta de agua potable y/o su distribución domiciliaria, sumada a la sequía estacional que afecta a la gran mayoría de ellas, la limitada asistencia alimentaria que han recibido y las enfermedades de base endémicas que afligen actualmente a la población indígena, presentan un panorama de una afectación agravada, donde la letalidad del virus en cuestión, sería mucho mayor, como ha sido el caso en otras poblaciones indígenas de países de la región.
Para muestra basta un botón, sólo en agosto y entre las comunidades monitoreadas fallecieron 10 personas por diversas enfermedades, y de acuerdo a las informaciones de los síntomas presentados, bien podría ser el COVID-19 una causa concurrente. Asimismo, 15 comunidades manifestaron en el monitoreo realizado por las organizaciones indigenistas contar con personas con enfermedades de base como tuberculosis, diabetes e hipertensión, muchas de las cuales reciben insuficiente asistencia sanitaria pública para su tratamiento.
Como es sabido y ha sido denunciado en múltiples ocasiones por organizaciones indígenas, indigenistas y de la sociedad civil – con mayor insistencia en el transcurso de la pandemia – que el Sistema de Salud Pública es deficiente e insuficiente en su atención a los pueblos indígenas, lo cual es reconocido por las propias estadísticas oficiales. Existe apenas un hospital por Región Sanitaria en el Chaco, los que se encuentran en las distantes capitales departamentales – para una buena parte de su población. Los Centros de Salud existentes en otras localidades, al igual que dichos hospitales, están mal equipados y tienen limitados recursos humanos en cantidad y especialidad, quienes a su vez – incluyendo a los/as promotores indígenas de las comunidades están sobrepasados por las necesidades de su población beneficiaria. No hay disponibles unidades de terapias, suficientes respiradores, ambulancias, así como elementos sanitarios preventivos para distribuir – tapabocas, alcohol, etc. A esto se suma la falta de priorización y fortalecimiento de la Dirección Nacional de Salud de los Pueblos Indígenas-DINASAPI en la propia estructura del MSPyBS. Asimismo, en el Chaco Central, otros servicios de salud, como los prestados por las Colonias Menonitas o la Ascim, son, en primer término, privados y, en segundo lugar, reducidos y/o renuentes a prestar atención a la mayor parte de la población indígena que les rodea. Esta desatención, invisibilidad y menosprecio de la salud indígena se constata con el hecho de que hasta el presente no se cuenta con un protocolo sanitario con enfoque intercultural del Ministerio de Salud para afrontar la pandemia en las comunidades indígenas.
La desprotección de la población indígena, cabe resaltar, no es exclusivamente responsabilidad del MSPBS sino de las otras carteras e instituciones estatales como el INDI, el MOPC, el Ministerio de Trabajo, de Educación, la SEN, IPS, el MADES, SENASA y otras que tienen obligaciones específicas como la asistencia jurídica y territorial, alimentaria, protección y seguridad laboral y ambiental, provisión y mantenimiento de caminos comunitarios, agua potable –entre otros servicios básicos– y que no han atendido o priorizado a la población indígena y a sus necesidades más básicas, sea con anterioridad a la pandemia o durante ella.
Conforme a ello, requerimos que el MSP y BS, lleve a cabo un Plan de Emergencia para Pueblos y Comunidades Indígenas frente al COVID-19, que contemple, entre otras, las siguientes medidas: 1. La aprobación de un Protocolo Sanitario para Pueblos Indígenas, que contemple: una guía intercultural de intervención, las especificidades propias de cada pueblo y comunidad como:
i) comunicación y coordinación eficiente a través de sus autoridades comunitarias y promotores/as de salud y con otras instituciones presentes en la zona;
ii) monitoreo a través de la Regiones sanitarias y sus redes de casos sospechosos y confirmados;
iii) sistema extensivos, apropiados y expeditivos de levantamiento de muestras por Vigilancia de la Salud, incluyendo la identificación/publicación como personas indígenas sin nombres particulares, identidad étnica y distrito origen de los/as afectados/as;
iv) un campaña de educación e información específica para la población indígena – si es posible en los propios idiomas y donde cabe con las medidas necesarias, con talleres presenciales,
v) disponibilidad y distribución de elementos de prevención (tapabocas, alcohol, agua y jabón);
vi) disposición y asistencia técnica adecuada – instrucciones y elementos de protección para atención a enfermos, medicamentos, kit de alimentos y disposición de agua potable – para establecer albergues comunitarios en escuelas, iglesias o centros comunitarios y/o domiciliares para la realización de cuarentena de casos positivos o sospechosos;
vii) seguimiento a casos de personas de las comunidades con enfermedades de base para extremar cuidados y asistencia.
2. La dotación y fortalecimiento de los Regiones Sanitarias de la Región Occidental con un mayor número de ambulancias, vehículos adecuados con sus choferes para traslados de pacientes, helicóptero para actuación rápida en comunidades aisladas, recursos humanos especializados y así como de mayores recursos médicos y equipamientos a las USF y Centros de Salud y dependencias de IPS, que atienden a población indígena, incluyendo su ampliación para comunidades y aldeas que no cuentan con ellos/as.
3. El involucramiento del INDI, la SEN, SENASA y el Ministerio de Educación, para contribuir a dicho Plan PP.II. COVID-19 con asistencia alimentaria y provisión de agua suficiente y regular a las comunidades afectadas.
4. Asimismo, el MOPC debería acelerar y priorizar la construcción y mantenimiento de caminos vecinales de comunidades indígenas, hoy aisladas o inaccesibles para recibir asistencia médica, como el caso de la comunidad Paysenyamexenpa’a (Colonia 96 y Buena Vista).
5. Así también, se debe asegurar que las empresas contratadas para el corredor Bioceánico licencien a los trabajadores indígenas afectados, sin interrupción del pago de sus haberes, para que puedan realizar la cuarentena respectiva. En el mismo sentido, el Ministerio del Trabajo debería monitorear el cumplimiento de las medidas sanitarias y de seguridad en las estancias y colonias menonitas, asegurando a la par, la estabilidad y pago legal de los trabajadores/as indígenas.egal de los trabajadores/as indígenas.